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domingo, 6 de agosto de 2017

El Egipto de los faraones


Ya hemos hablado antes en el conocimiento nunca sobra de algunas de las grandes civilizaciones del pasado, ahora toca el turno de los egipcios de los faraones, esos mismos que construyeron las pirámides que nos siguen fascinando, esperamos que este resumen sea de su utilidad.

El Egipto de los faraones

Las pirámides de Egipto estaban consideradas una de las siete maravillas del mundo antiguo. Construidas hace mas de cuatro mil quinientos años, sus colosales estructuras aún nos llenas de admiración. Las produjo una civilización rica y fascinante. Ésta comenzó hacia el 3100 a.C., y duró treinta siglos, mucho más que las restantes de la Antigüedad.

El corazón de Egipto

El río Nilo ha sido siempre el corazón de Egipto. Hizo posible su civilización. La mayor parte del territorio egipcio es desierto arenoso en el que no llueve. Sin embargo, el Nilo se desborda todos los veranos. Sus aguas arrastran tierra fértil desde el África Central y la depositan en las partes bajas de su curso. Los egipcios descubrieron que había buenas cosechas si sembraban en aquél barro. Como obtenían sus alimentos en aquella zona,, establecieron gradualmente pueblos en ella.

En las pequeñas aldeas surgieron la alfarería, el arte del tejido y la arquitectura. Los habitantes estudiaron las estrellas e inventaron un calendario de trescientos sesenta y cinco días para saber con exactitud cuándo se desbordaba el Nilo. Idearon un sistema de escritura de imágenes: los jeroglíficos.

Las tribus y poblaciones de las orillas del río luchaban a menudo entre sí. Con el tiempo llegaron a unirse. Los reyes y nobles, que habían sido jefes en las guerras, se convirtieron en propietarios de casi toda la tierra y tuvieron numerosos sirvientes y esclavos. Por fin, quedaron solo dos grandes reinos: El Bajo Egipto en el norte, en el delta en que el Nilo se ramifica antes de desembocar en el Mediterráneo, y al Alto Egipto en el sur. Alrededor de 3100 a.C., Narmer o Menes, rey de Alto Egipto, conquistó el Bajo y todo el país se unificó. Narmer fundó la primera dinastía de soberanos egipcios. A lo largo de la historia las dinastías llegaron a treinta, y algunas gobernaron durante centenares de años.

El imperio antiguo

Los monarcas de Egipto se llamaban faraones. El pueblo los reverenciaba, porque creían que eran hijos de Ra, el dios Sol. Se suponía que era el faraón era el hombre más poderoso del mundo. No obstante, los sacerdotes tuvieron a veces tanto poder que muchos soberanos procuraron no enemistarse con ellos. En ocasiones había uno débil u odiado por el pueblo. En tal caso, moría asesinado o lo deponía otro faraón.

Cuando fallecía, el rey era enterrado en una tumba magnífica. Las primeras fueron túmulos edificados con adobes (ladrillos cocidos al sol). Pero no pasó mucho tiempo antes que se los sepultase en enormes pirámides de piedra. Las más antiguas se construyeron en el reinado de Zoser, de la III dinastía, en el cual principió el período llamado Imperio Antiguo. En él se erigió la Gran Esfinge, gigantesca estatua de cabeza humana y cuerpo de león.
Los esclavos eran los que construían las pirámides

La primera pirámide fue proyectada por Imhotep, médico y consejero de Zoser. Se tuvo a Imhotep por sabio, y tiempo después se le consideró dios. La pirámide que diseño tiene los lados escalonados. Las siguientes muestran sus paredes lisas. La mayor de todas ellas es la de Cheops (Jufu), en Gizeh.

Imhotep
Millares de esclavos tuvieron que cortar las enormes piedras de las pirámides y arrastrarlas hasta la construcción. Aquellas tumbas tenían mucha importancia para los faraones, porque los egipcios creían en una vida posterior a la muerte. Pensaban que, al fallecer, el hombre entraba en una nueva existencia, en la que el cuerpo era necesario. Por eso, embalsamaban (momificaban) los cadáveres: los trataban de una manera especial para que no se pudieran y los vendaban. Muchas de esas momias se conservan hoy en día en museos. Se mantienen en tan buen estado, que los especialistas llegan a investigar la causa de la muerte del personaje.



Dentro de la tumba se rodeaba al faraón difunto de todo aquello que pudiera necesitar en la otra vida: comida, ropa, muebles, joyas, estatuillas de amigos y sirvientes, etc. El que moría de niño era enterrado con sus juguetes. Se pintaban escenas de la vida cotidiana del rey en las paredes de la sepultura, y se escribían palabras mágicas en escritura jeroglífica. Algunas de ellas se destinaban a alejar a quienes quisieran robar la tumba.

Los faraones temían que todas aquellas riquezas atrajeran a los ladrones, capaces de entrar en sus sepulturas, adueñarse de sus pertenencias, y tal vez, de destrozar su momia. Si ello ocurría, ellos no descansarían en la otra vida. Las pirámides tenían la finalidad de proteger y ocultar su sepulcro. Pero nada detuvo a los saqueadores, ni el miedo a la muerte ni la amenaza de espantosos castigos. Los arqueólogos modernos han descubierto los saqueos de incontables generaciones de ladrones.

Sólo se enterraba al faraón con tanto esplendor. Las demás tumbas eran inferiores. No obstante, todos los egipcios esperaban vivir eternamente tras la muerte. Se redactaban oraciones especiales y encantamiento con tal objeto. Fragmentos de ellos se conservan en el Libro de los muertos, que revela cuanto pensaban los egipcios acerca de la muerte y de sus dioses. Entre éstos hay citar a Ra, el Sol; Osiris, deidad de los difuntos; Horus, de cabeza de halcón, y Anubis, con aspecto de chacal.

Libro de los muertos

El imperio medio

Hacia 2134 a.C., el Imperio Antiguo comenzó a perder su fuerza. Había invasiones desde el este, y poderosos señores locales se independizaban de los faraones. Al rededor del 2050 a.C., los príncipes de Tebas unificaron el país, Tebas, en el sur de Egipto, fue la nueva capital. El dios favorito de esos príncipes fue Amón, de cabeza de carnero. Muy pronto, la gente lo unió a Ra, y la deidad principal se llamó Amón-Ra. No era extraño en la antigüedad, que dos dioses se fundieran en uno solo.

El templo de Amón-Ra, estaba precedido por la avenida de las Esfinges
Egipto se había mantenido aislado de los demás pueblos durante el Imperio Antiguo. En el Medio, comerció con Creta, África y el Próximo Oriente. Lucho muchas veces contra la gente de Siria y Palestina. Los faraones llevaban a cabo en sus dominios grandes obras de irrigación. La fertilidad del suelo aumentó y con el pueblo consiguió mayores cosechas.

Más tarde, hacia 1800 a.C., los hititas invadieron Egipto desde Asia. Peleaban en carros tirados por caballos, y los asombrados egipcios, poco preparados para la guerra, fueron vencidos. Soberanos extranjeros gobernaron el Delta del Nilo durante dos siglos. Por último, alrededor de 1567 a.C., las fuerzas de Tebas, adiestradas en la lucha en carros, expulsaron a los invasores. Egipto recobró su unidad e inició otro periodo de su historia: el Imperio Nuevo.

El imperio nuevo

El imperio Nuevo se denomina en ocasiones Periodo Imperial. Los faraones se volvieron muy ambiciosos y capitanearon grandes ejércitos aguerridos contra los reinos del Próximo Oriente y los Nubios en el Sur. Bajo Thutmosis III y Amenofis III, el imperio conquistó Siria y Palestina. Los egipcios regresaron con muchos esclavos y riquezas de toda clase de las tierras que habían dominado.

Ramsés II es probablemente el faraón más conocido del Imperio Nuevo. No fue el más grande de ellos, pero reforzó Egipto, que había sufrido un periodo de trastornos. Construyó grandes edificios y dejó muchas estatuas e inscripciones en las que se enorgullece de sus triunfos. Hizo un gran templo en Abu Simbel, excavado en las rocas. Algunos crees que fue el soberano egipcio que cautivó a los hebreos, antes de que Moisés los guiará hacia la tierra prometida.

Un monarca muy notable, bastante anterior a Ramsés III, fue Amenofis IV, que cambió su nombre por el de Ajenatón y reinó desde 1375 a 1358 a.C. Con el apoyo de su mujer, Nefertiti, quiso cambiar la religión egipcia. Dijeron que, en vez de centenares de dioses, debía haber uno solo, Atón (el Sol). Incluso edificaron una capital en Tell el-Amarnah. Pero los sacerdotes tenían mucho poder y, a la muerte de Ajenatón, Egipto volvió a sus antiguos dioses.

El rey adolescente

Sucedió a Ajenatón un adolescente, Tutankhamen. No tuvo importancia como gobernante y murió muy joven, a los dieciocho años. Los faraones del Imperio Nuevo eran sepultados en tumbas excavadas en la escarpada ladera del Valle de los Reyes. Estaba al otro lado del Nilo, frente a Tebas. Los monarcas cambiaron el lugar de su entierro para intentar impedir que sus sepulcros fuesen robados. Sin embargo, los ladrones los saquearon tan completamente como las pirámides. El de Tutankhamen es el único que permaneció intacto, y en eso consiste casi todo el interés por el juvenil soberano.

Tumba de Tutankhamen
La tumba, descubierta en 1922, estaba llena de objetos magníficos, que daban una idea aproximada de como serían los que llenaban las sepulturas de los faraones más grande. Se contaron muchas cosas sobre lo que sucedió al abrirla. Se llegó a creer que la "maldición de la momia" persiguió a los descubridores. El tesoro se trasladó al museo de El Cairo, y ha sido exhibido en varias ocasiones en Europa y Norteamérica.

La decadencia de Egipto

El Imperio Nuevo, desde 1100 a.C., aproximadamente, empezó a fragmentarse en Estados pequeños. Los feroces soldados asirios conquistaron Egipto cuatrocientos años después. Los egipcios lograron recobrarse y reconquistaron el país. Una dinastía índigena gobernó durante cierto tiempo. Tenía la capital en Sais. La depusieron los persas, cuyo imperio se extendía hasta la India. Alejandro Magno se adueñó de Egipto en 332 a.C., durante su ataque a Persia. Fundó la gran ciudad de Alejandría.

A la muerte de Alejandro Magno, uno de sus generales se coronó rey de Egipto y estableció una dinastía griega, la de los Tolomeos, porque así se llamaba el nuevo monarca. Alejandría pasó a ser su capital. Los soberanos crearon en ella una biblioteca famosa en todo el mundo antiguo. Algunos de los más célebres sabios helenistas trabajaron en sus salas.

Tolomeo II edificó el faro de Alejandría, una de las siete maravillas de la antigüedad. Ordenó que se tradujera al griego el antiguo Testamento hebreo. Un escriba, o escritor, recibió el encargo de redactar una historia de Egipto en el idioma de Grecia.

En ésta época se usaban en Egipto las lenguas de los griegos y egipcios, y se fundieron también en el arte, ciencia, costumbres y religión de ambos pueblos.

La piedra de Rosetta

Durante el reinado de Tolomeo V se creó la piedra de Rosetta, que contenía la misma inscripción en egipcio, demótico y griego. Su descubrimiento en 1799, debido a un francés, tuvo gran importancia. Gracias a la piedra, los europeos que conocían el griego, averiguaron el significado de los jeroglíficos al comparar las inscripciones. De este modo fue posible leer los libros, cartas, relieves, etc del Egipto faraónico y comprender su cultura y su historia.

El gobierno de los Tolomeos proporcionó riqueza y poder al país. Pero, como otros del Mediterráneo, no consiguió resistir la creciente fuerza de Roma.

Piedra de rosetta

Cleopatra y los romanos


Los Tolomeos rigieron Egipto durante casi trescientos años. El último de la dinastía fue la reina Cleopatra. Era joven, inteligente y decidida, y ansiaba mantener la independencia de sus dominios mientras pudiera. Sabía que los romanos codiciaban el trigo egipcio y que tratarían de invadir el país.

Como no podía soñar en vencer a Roma con las armas, Cleopatra recurrió a la astucia. Primero convenció a Julio César que le permitiera conservar el trono. Después del asesinato de César promovió una guerra entre Marco Antonio y Octavio. Pero, a la larga, sus intrigas fallaron. Con su muerte, ocurrida en el 30 a.C., la dinastía de los Tolomeos desapareció. La gloria del antiguo Egipto murió con ella y la nación se transformó en provincia romana

Cleopatra
Cleopatra

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