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jueves, 10 de agosto de 2017

Los pueblos de Irán: Medos y Persas

En el conocimiento nunca sobra seguimos avanzando con las grandes civilizaciones y ahora toca el turno a una civilización muy famosa: los persas, nos empezamos a acercar ya a las civilizaciones griega y romana, pero eso será en los siguientes post. Por ahora veremos como los persas y los medos, se apoderan del mundo.



Los medos y los persas

La meseta del Irán

Se extiende del Tigris al Indo y del Caspio al golfo Pérsico. En parte desierta y sometida a un clima excesivo, la rodean elevadas montañas bien irrigadas, de valles fértiles ricos en cereales y árboles frutales.

El imperio persa

Pobladores

Aparte del reborde sudoeste, poblado por los elamitas. el Irán había sido ocupado por otros pueblos de raza aria, los medos y los persas, estrechamente emparentados.

Los elamitas provienen de Elam, contemporáneo de la historia de Caldea, había sido una larga serie de luchas contra este último país, y después contra Asiria. Tales luchas concluyeron en el siglo VII a.C., con la toma y destrucción de la capital, Susa, por el rey de Asiria Asubarnipal (hacia 650 a.C.). La población fue en parte deportada y el Elam, desapareció como estado.

Los medos y los persas provienen del norte, se establecieron en el contorno de la meseta, los medos, al noreste, hacia el Caspio, y los persas al sudoeste, a orillas del golfo Pérsico.

Historia

La historia está caracterizada por la formación de un gran imperio, el mayor que se había conocido hasta entonces y que acabó por englobar a todas las otras monarquías orientales, llegando incluso a desbordarse sobre Europa.

Reino de los medos

Los medos fueron los primeros que lograron un reino organizado, con Ecbatana (hoy Hamadan) como capital: pero fueron constantemente atacados por sus poderosos vecinos, los asirios, de quienes, al menos, aprendieron el arte de la guerra. Sin embargo en el siglo XVII, uno de sus soberanos, Ciáxare, después de reorganizar el ejército, se unió con Nabopolasar, rey de Babilonia, contra Nínive, que fue tomada y destruída (hacia 612 a.C). De los despojos del imperio nínivita, Ciáxare obtuvo Asiria y sus dependencias; después extendió sus conquistas hasta Asia Menor, donde combatió sin éxtito, contra otro poderoso reino, el de Lidia. El dominio de los medos, no duró largo tiempo; reemplazados muy pronto por sus vasallos persas, ya solo tuvieron un papel insignificante.

El imperio persa. Los conquistadores

El fundador del imperio persa fue Ciro, quien después de haber sometido a Media, emprendió la conquista de Oriente.

Venció primero al poderoso rey de Lidia, Creso, famoso por sus riquezas (546); sometió la Sogdiana, la Batriana, y la Aracosia (Los actuales Turkmenistán y Afganistán), se apoderó finalmente de Babilonia y de Caldea (539 a.C), y permitió a los israelitas deportados por Nabuconodosor regresar a Jerusalén. Murió misteriosamente (529 a.C), en una expedición contra los pueblos nómadas de la Sogdiana.

el Gran Rey Darío I. El Grande
Su hijo y sucesor, Cambises, continuó su obra conquistando Egipto (525 a.C), el último gran estado independiente del mundo Oriental.

Finalmente Darío extendió aún más el imperio, con una expedición a la India, de la cual conquistó la parte noreste (509), y a Europa, conquistando Tracia. Después se volvió contra Grecia, iniciando contra ella (490) la serie de guerras, que se conocen en la historia con el nombre de guerras médicas. Darío se dedicó también, y ese fue su gran mérito a la administración de su vasto imperio.

Guerras médicas
Siguieron varios reyes persas, pero estando Darío III en el poder, en el año 331 a.C, Alejandro Magno, tomó Babilonia y así termina el imperio persa.


Organización del imperio

Los soberanos persas, se mostraron superiores a los otros soberanos orientales en el arte de organizar su imperio, y fortalecer su dominación sobre los pueblos sometidos. El rey disponía de un ejército imponente formado de 10 mil hombres llamados Inmortales, gozaba de inmensa reputación. Pero la fuerza militar no habría bastado a asegurar por sí sola la duración del imperio si Darío no hubiera logrado aglutinar fuertemente los elementos heterogeneos  de ese imperio. Aunque dejó a cada uno de los pueblos sometidos su lengua, sus costumbres y su religión, los colocó a todos bajo la autoridad de unos gobernadores llamados sátrapas. El gobierno quedó así dividido en grandes gobiernos o sátrapas. El sátrapa, nombrado por el soberano, estaba asistido de un secretario real, encargado oficialmente de la correspondencia con la corte, y de un general que asumía el mando de las tropas de la provincia.

En realidad, estos tres funcionarios se vigilaban y espiaban mutuamente. Su conducta era, además vigilada por ciertos inspectores a los que se daba el nombre de ojos y oídos del rey. Todas las provincias, salvo Persia, satisfacían un tributo percibido mitad en dinero, mitad en especies. Con el oro que así ingresaba anualmente en su tesoro, Darío mandó a acuñar las monedas llamadas dáricos.

daricos persas
Esta organización puso fin a los disturbios que se producían cada vez que moría un rey tributario. El rey de los persas fue entonces el más poderoso, y gracias a los tributos de las provincias, el más rico de cuantos se habían conocido hasta entonces. Se le llamaba El gran Rey. Sus capitales, Pasargades, Susa (emplazada en las ruinas de la antigua capital Elam), Persépolis, fueron embellecidas con magnificas construcciones. 

La estructura administrativa del imperio favoreció el comercio, dándole un aspecto estatal parecido al de Asiria. Existían cuatro clases sociales: sacerdotes, guerreros, escribas y trabajadores; a ésta última pertenecían los comerciantes.

Senderos acondicionados para las comunicaciones a grandes distancias comprueban la originalidad de los comerciantes persas.

Civilización

Religión

Era la misma para los medos y para los persas. Muy diferente de la mayor parte de las religiones de los otros pueblos de Oriente, es conocida por una gran compilación de poemas y de relatos religiosos, el Avesía. La leyenda cuenta que Zoroastro, medo de origen real, vivió en su juventud en lucha con los demonios; a los treinta años tuvo un arrebato de éxtasis ante Dios, quien le dio el libro de la ley, el Zend Avestra en el cual inspiró sus prédicas Zoroastro para convertir a los iranios.

El dios supremo era al principio el círculo entero del cielo; perdió después su carácter material y se convirtió en Ormuz, el omnisciente, el dios sabio y bienhechor por excelencia, autor de todas las cosas buenas. Frente a él se alzaba Ahrimán, el dios del mal, autor de todas las cosas malas. Estas dos divinidades crearon dos ejércitos de genios superiores, en lucha continua para disputarse el mundo y que durará hasta el fin de los tiempos y concluirá con la victoria de Ormuz sobre Ahrimán.

En cuanto al hombre, debe decidirse por Ormuz contra Ahrimán y conservarse puro. Es complacer a Ormuz el cultivar la tierra, formar una familia, ser caritativo, honesto, sincero en las palabras y leal en la acción; código de moral práctica que constituye una de las originalidades de la religión de los persas.

El culto era sencillo y no implicaba ni templos, ni estatuas: consistía en conservar el fuego sagrado, en celebrar, por medio de los sacerdotes o Magos, sacrificios de animales (caballos, bueyes, cabras).

Los muertos no debían ser quemados ni enterrados, ni arrojados al agua, para no ensuciar el fuego, la tierra o el agua. Se les exponía al aire libre, en las torres del silencio, donde las aves de rapiña venían a devorarlos. La religión de Zoroastro enseñaba la inmortalidad del alma. Al cuarto día después de la muerte el alma se dirigía al lugar del juicio, donde eran pesadas sus buenas y sus malas acciones; en seguida, franqueaba el puente Chinvab, que conducía al paraíso, pero que pasaba por el infierno al que caía el alma impía. En nuestros días los parsis de la India practican aun el culto a Ormuz.

Arte

Los persas conquistadores, inducidos a adoptar las costumbres extranjeras, no poseyeron un arte original, pero se mostraron como perfectos adaptadores, de habilidad y gusto muy seguros. No dejaron templos (el culto a Ormuz no los toleraba), pero sí tumbas reales y palacios.

De la arquitectura asiria, el arte persa tomó sus construcciones en terrazas y sus escaleras monumentales, sus líneas severas, sus bajorrelieves y ciertos motivos de decoración (toros alados). Adoptaron la sala hipóstila egipcia en los palacios de Susa y Persépolis; las tumbas de los reyes cavadas en la roca recuerdan los hipogeos en Tebas.

Lo único original que hay en sus construcciones son las columnas que soportan el techo en las grandes salas de sus palacios: son asombrosamente delgadas, y sus capiteles, constituidos por dos torsos de toros que encuadran la viga dándole un aspecto muy especial. Perfeccionaron además la decoración en ladrillo esmaltado y policromo y desarrollaron su uso: son célebres los frisos de los leones y de los arqueros encontrados en Susa y que se hallan en Louvre.

Con este breve resumen vimos la historia de los persas, en los siguientes post, veremos a las guerra médicas, únicamente mencionadas en este artículo, pero estudiadas mejor cuando veamos a los griegos. Espero este artículo haya sido de su interés
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