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domingo, 8 de octubre de 2017

El imperio persa. Fundación del imperio de Darío

Buenas tardes queridos lectores de "el conocimiento nunca sobra", el día de hoy seguiremos estudiando a la cultura persa, en esta ocasión a la fundación del imperio del rey Darío, rey que impulsó la primera guerra medica contra los griegos, en este tiempo, hablamos de varias civilizaciones al mismo tiempo, pues estaban en contacto unos con otros y el desarrollo de uno, dependía de otro.
Rey Darío

La teoría del imperio universal

La política persa se diferencia esencialmente de la seguida por Asiria en su época; la explotación del imperio en provecho del pueblo domeñado es sustituida por la ida de una gran comunidad imperial. Pero al proceder de este modo, ha separado necesariamente al rey del feudalismo persa, el cual a la muerte de Cambises se sublevó contra la política monárquica elevando al trono a uno de sus representantes, al aqueménida Darío I (521-486).


Instrumento de una reacción feudal, Darío, absorbido por su imperio, había de ser su genial organizador. Los señores persas continuaron figurando en su consejo ocupando los puestos de sátrapas de las provincias y conservando sus privilegios, mientras se transformaban en una simple nobleza real. No podían evitar que el rey, elegido por ellos se convirtiese, gracias al poder recibido del imperio, en soberano absoluto, cuya política iba encaminada a la creación de un Estado Universal.

El imperio persa fue el más vasto que jamás llegó a formarse. Comprendía al Asia, del Mediterráneo al Yaxartes y al Hindú-Kush. Bastaron a Darío algunos años para darle unidad. Un imperio tan diverso solo podía tener de base un poder monárquico y Darío, llevado al trono como rey feudal, se transformó en emperador hereditario, pretendiendo que su poder emanaba de la voluntad de los Dioses. En Persia invocó a Ormuz; en Babilonia a Marduk, en Egipto a Amón. No era pues, un conquistador que se imponía por la fuerza, sino el legítimo poseedor de la soberanía otorgada por los Dioses. En aquellas partes del imperio donde no existía ninguna doctrina dinástica, trató de introducir con ayuda de los magos persas, una religión monárquica y, al mismo tiempo, de tendencias universales. Los grandes templos de Efeso, Sardes y Pesinonte fueron dotados de un clero persa que introdujo, con las ideas mezdeístas, la moral de Zoroastro o Zaratrusta, yendo a parar, por la idea del más allá en que aquella se fundaba, a los cultos de misterios entonces tan en boga en todos los países mediterráneos. Los templos no debían ser únicamente centros religiosos y políticos, sino también económicos; el rey de Persia, depositando en ellos grandes cantidades de oro, permitió desarrollar la actividad bancaria que venían ejerciendo desde el siglo VII a.C, adquiriendo así un enorme ascendiente en detrimento de los santuarios extraños al culto de los aqueménidas, como el célebre de Dídimo, en Mileto, el cual vio decaer simultáneamente su prestigio religioso y su potencia económica.

Necropolis, cerca de Persépolis


Rey por voluntad divina, Darío no fue como los reyes asirios un déspota, cuyo absolutismo sólo dependía de sus dioses nacionales. Mandatario de las divinidades de todos sus súbditos, era responsable ante ellas. Así, tomó de los faraones egipcios y de los reyes de Babilonia la noción del poder monárquico identificado con la justicia. Se constituyó en protector de todos los súbditos, de las distintas regiones del Imperio, así como en representante del orden y custodio del bien de todos ellos.

Las instituciones imperiales

Soberano universal., Darío se rodeó de un consejo en el cual, al lado de los señores feudales persas, fueron llamados a participar griegos, judíos, babilonios y egipcios. Lo mismo que los consejeros, también sus colaboradores -arquitectos, ingenieros, médicos, generales y almirantes- fueron escogidos en los distintos pueblos que formaban el imperio. Escribas babilónicos organizaron la administración financiera y la cancillería. El iranio, que no se escribía, fue adaptado a la grafía cuneiforme. El babilonio y el arameo eran, conjuntamente con el iranio, los idiomas oficiales del Imperio. En todas las satrapías, los decretos reales eran bilingües; estaban redactados en la lengua del país y en una de las oficiales. Se crearon escuelas de escribas en las tres capitales de Susa, Babilonia y Ecbatana, y en la sede de gobierno de cada satrapía.

El imperio quedó dividido en veinte satrapías, establecidas no según las antiguas fronteras nacionales, sino concebidas como unidades culturales o económicas. El Asia Menor, comprendía cuatro satrapías, mientras que Egipto y Cirene fueron agrupadas en una sola; Mesopotamia, lo mismo que Siria, fue enteramente unificada.

En cada satrapía se instaló un virrey; junto a él, un canciller dirigía la policía y un general mandaba el ejército. Estos altos funcionarios, independientes entre sí recibían órdenes del rey. Agentes reales observaban si gestión, y aquél, teniendo en cuenta sus informes, decidía sin escuchar la defensa de los sátrapas acusados.

Cada sátrapa gobernaba superponiéndose a las instituciones locales. Ni en Egipto ni en Babilonia, se efectuó cambio alguno en la administración. Únicamente fueron sustituidos algunos gobernadores locales por iranios. Con respecto al rey, la misión del sátrapa consistía en representarle y recibir el tributo. Éste, fijado de manera uniforme para todo el imperio en el 10% de renta territorial, se pagaba en metal precioso. Semejante base del impuesto real favorecía a la burguesía urbana, puesto que los beneficios mercantiles no se tenían en cuenta para el cálculo del tributo. Por otra parte, ofrecía la ventaja de proporcionar ingresos seguros y regulares que permitieron a los reyes de Persia evitar las crisis fiscales y acumular inmensas reservas metálicas. Alejandro halló un tesoro en Susa de 180 mil talentos de Plata (cada talento pesaba 265.196 kg)
La contribución territorial hacía de las regiones agrícolas de Levante, la base del Imperio. Aportaban, en efecto, un censo anual de 3320 talentos, mientras que Egipto, Siria y Asia Menor no proporcionaba en total, más que 2810 talentos y Mesopotamia 1000. Solo el Indo, región aurífera incorporada por Darío a su imperio, pagaba un tributo no calculado sobre la renta territorial; su parte, entregada en polvo de oro, representaba la crecida suma de 4071 talentos.

El censo pagado por las satrapías se invertía en cubrir los gastos imperiales de la corte, el Ejército y obras públicas, principalmente en la construcción de carreteras, según el tipo creado por los reyes de Sardes. Era arteria vital del Imperio la ruta Susa-Sardes, de 2400 km, que los correos del rey, cubrían en ocho días.

Portal de Jerjes, en Persépolis, capital de la antigua Persia

Política económica y social

La organización fiscal se completó con una política monetaria, y Darío mandó acuñaran daricos de oro de 8.41 kg, primeras monedas con efigie real, y dracmas de plata que en lo sucesivo fueron las únicas de curso en todo el Imperio. Esta enorme obra, la unidad monetaria en todo el Asia Anterior, fue completada mediante la unificación del sistema de pesas y medidas con arreglo al patrón babilónico. El comercio y la banca recibieron un impulso considerable. El capitalismo floreció tanto que un comerciante lidio, llegó a poseer en dinero líquido, dos mil talentos de plata y cuatro millones de daricos de oro. El crédito se desarrolló extraordinariamente, descendiendo los intereses del dinero al 12%.

Grandes puertas del palacio de Darío, en Persépolis


Al mismo tiempo que sus reformas imperiales, Darío siguió en los diferentes países donde reinaba, una política conforme a sus particulares tradicionales. En Egipto, acentuó el carácter laico de la política saíta; los templos quedaron sometidos a la administración civil y sus rentas fueron entregadas al tesoro; el matrimonio era un contrato civil más que un acto religioso.

En cambio, en la cuestión social, apoyado en el partido conservador, reaccionó contra la tendencia democrática de las reformas de Amasis. Ciertas medidas consideradas como excesivamente radicales, fueron derogadas, como, por ejemplo, las becas para los jóvenes carentes de recursos necesarios para acudir a la escuela de medicina de Sais.

Esta orientación hacia una política democrática moderada – que había de seguir Alejandro y, más tarde, el imperio romano – condujo a Darío a examinar de nuevo todas las leyes promulgadas desde el advenimiento de Amasis y a publicar un código de derecho egipcio que fue la obra legislativa más importante desde Hamurabi. Una comisión de notables de la que forman parte, en esta ocasión, miembros del clero, realizó esta labor de 519 a 503. El código de Darío dio al derecho contractual egipcio la forma que debía conservar intacta a través de toda la época ptolomeica hasta el imperio romano. Fue publicado en egipcio, arameo e iranio. Es interesante señalar que este notable proceso jurídico coincidió en Egipto con un movimiento ético de inspiración fundamentalmente religiosa y anunciador de la moral cristiana. En la esfera económica, Darío continúa la política de desarrollo de la agricultura y el comercio privados, que los reyes saítas habían llevado a cabo con excelentes resultados. La economía liberal en Egipto, lo mismo que en todo el Imperio, alcanzó entonces su apogeo, gracias a la facilidad dada, por la unidad persa al régimen de intercambios.

Necao había emprendido la construcción de un gran canal marítimo a través del istmo de Suez. Darío lo terminó, siendo la obra magna de su reinado. Al poner el Mediterráneo en comunicación directa con el de las Indias, por el mar Rojo, Darío perseguía un gran designio: amalgamar en un mismo sistema económico a Egipto, Mesopotamia y la India, unidas por primera vez en un solo y único Estado.

Hasta aquí el post, espero compartan, comenten, den +1 o clic a algún anuncio que les interese. Saludos

Referencias

Titulo: Historia Universal Jacques Pirene
Editorial Cumbre. S. A. de C.V. 12 Edición. 1976. Tomo I
paginas 126-130


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