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miércoles, 4 de octubre de 2017

El imperio persa. La formación

Buenas noches queridos lectores de "El conocimiento nunca sobra", en post pasados tocamos el tema de los persas, de una manera bastante resumida, en esta ocasión lo vamos a ver mas a detalle, se revuelven los temas los persas con los griegos, y a veces egipcios debido a que las culturas florecieron de manera paralela pero por la misma época, pues bien entremos al tema que nos ocupa hoy y es la formación del imperio persa.

La formación del imperio persa

La conquista



En el siglo VI a.C, la evolución que se produce en el mundo oriental crea una estrecha interdependencia entre todos los pueblos. Los grandes acontecimientos, cualquiera que sea el lugar en el que se producen tiene una inmediata repercusión internacional.


Rey Ciro
El rey Ciro, fundador del imperio persa
El imperio medo, envuelto al Este y al Norte por el imperio de Babilonia y extendido desde la India hasta Lidia, no tiene, como Egipto, una base nacional, ni como Babilonia o Lidia una base económica: es una amalgama feudal. No tiene otro vínculo que su dinastía, la cual en las relaciones internacionales ha llegado a adquirir una posición de gran importancia. La extensión de su territorio; su disciplinado ejército; las rutas del mar Negro a la India, que domina; sus inmensas posibilidades, hacen del país, gracias a su masa, una especie de árbitro internacional.

Ahora bien, este inmenso imperio depende del pequeño estado medo-persa, que atraviesa en el siglo VI a.C, una grave crisis interna producida por la rebelión de los señores feudales persas contra la política monárquica de su soberano medo. Ciro, después de haber logrado la unidad monárquica de la Persia feudal en 555, rechazó la soberanía del rey de Ecbatana. Nabunahid, a la sazón, rey de Babilonia, esperando conseguir de este modo la ruptura del imperio medo, sostuvo a Ciro contra su soberano Astiajes, y aquél, en vez de liberarse de su tutela, lo sustituyó. La dinastía persa de los aqueménidas remplazó a la dinastía meda en 549 a.C, pero el imperio se mantuvo intacto.
Reino de Lidia

Nabunahid temiendo el conflicto, no se movió. Por el contrario, Creso, rey de Sardes que esperaba aprovecharse de sus querellas dinásticas para arrojar a los medo-persas del Asia Menor, se erigió defensor de Astiajes, su aliado, y franquéo el Halis, solicitando la ayuda de Egipto, de Babilonia y también de Esparta, que ya comenzaba a manifestarse como la potencia militar griega más importante. Ni Babilonia ni Esparta respondieron al llamado. Únicamente Amasis, comprendiendo el grave peligro que representaba el imperio persa, envió por mar un ejército para secundar a Creso, pero llegó demasiado tarde. La célebre caballería lidia fue derrotada por los meharistas persas. Creso corrió a encerrarse en Sardes, que fue tomada en el 546. Las ciudades de Jonia divididas entre sí y hostiles a Creso, cuyo protectorado soportaban impacientes, se negaron a prestarle apoyo. Después de sucumbir una tras otra ante el ejército persa, Ciro logra paralizar a Mileto, la más poderosa de todas, mediante la firma de un tratado de amistad.

Ciro, magnánimo perdonó a Creso y le hizo donación de un patrimonio en Media. Durante su reinado, Creso había sostenido en las ciudades jónicas al partido democrático; Ciro, por el contrario, apoyándose en la oligarquía, estableció tiranos, quienes no pudieron mantenerse más que con su apoyo fueron dóciles instrumentos de su poder personal.

Rey Creso de Lidia

En unos meses de campaña se transformó el equilibrio político del mundo. El bloque Egipto-Lidia-Grecia, entonces en formación, quedó roto. Persia, dueña de toda Asia Menor, se había convertido en un estado marítimo.

Sin embargo, Ciro no llevó sus conquistas hacia el Mediterráneo, sino que volviéndose hacia el Este, extendió su dominación hasta el Indo y el Yaxartes, en cuyas orillas fundó la ciudad de Cirópolis, punto de partida de la ruta que, a través de los grandes oasis del Asia Central, penetraba en China (545-539). Nabunahid había presenciado inactivo esta amenazadora expansión del imperio Persa, dueño en lo sucesivo de todo el tráfico continental del Asia Menor, del Mar Negro y del Cáucaso hacia Mesopotamia, del Asia Central y China hacia el occidente, y de la India hacia el Éufrates.

Babilonia quedó entonces a merced de Ciro. Entró este allí casi sin combatir en 539 a.C, envió a Nabunahid a gobernar la satrapía de Carmana y nombro rey de Babilonia a su propio hijo Cambises.

Las ciudades fenicias no tuvieron mas remedio que someterse. En el espacio de siete años, toda Asia, del Mediterráneo al Turquestán, fue ocupada casi sin guerra.

Egipto y Grecia frente a Persia

Frente al imperio persa tan solo subsistían los estados marítimos: Egipto y las ciudades griegas. Grecia se hallaba en aquél momento en plena evolución, y Jonia, la parte más rica y culta del mundo griego, estaba en manos de los persas. Pero la Grecia de Europa se desarrolla rápidamente. En 561 a.C, algunos años después de la revolución democrática que elevó a Amasis al trono de Egipto, y el mismo año en que Creso ceñía la corona de Sardes, Pisístaro, al frente de una fracción popular, instauraba la tiranía en Atenas y remataba la evolución democrática fomentando la pequeña propiedad con la creación de un crédito agrícola. Atenas, a partir de entonces, se torna definitivamente hacia el mar. La conquista de Jonia por Ciro, al provocar una gran inmigración de jonios hacia Atenas, originó una brusca prosperidad, mientras que el destierro de Pitágoras y de Jenófanes, que pasaron de Jonia a la Magna Grecia, cambia el meridiano del pensamiento griego.

En 535 a.C, la tiranía democrática se establece en Naxos, con Ligdamis, y en Samos con Polícrates, e inmediatamente los tiranos de Atenas, Naxos y Samos que siguen la misma política social  social y económica, conciertan una alianza.

Bajo el firme y enérgico impulso de Polícrates, antiguo mercader de paños, Samos no tarda en llegar a ser una gran potencia naval. Amasis, para poder resistir la amenaza persa, comprendió que necesitaba crear un frente marítimo y, al aliarse con Polícrates, dio a sus flotas reunidas la hegemonía naval.

Arrojado del continente, Egipto forma bloque con Grecia. Se preparaba el duelo entre el mar y la tierra.

Asia, sin embargo, aceptaba la conquista persa. Pero el absolutismo de Ciro, no se parecía en nada al absolutismo asirio. Conquistada sin violencia, Asia se abandonaba dichosa a gozar la paz bajo una autoridad inflexible, pero liberal. Las poblaciones deportadas en otros tiempos por Nínive o Babilonia retornaban a su patria. A los judíos les era devuelta Palestina (549) y Ciro les hacía importantes donativos para la reconstrucción de su templo. Las estatuas de los dioses, arrebatadas anteriormente a los pueblos vencidos, les eran entregadas con muestras del mayor respeto. Ciro aparecía como libertador tras las dominaciones asiria y babilónica.

Frente al continente unificado, Grecia se deshacía en guerras internas. Las ciudades no cesaban de combatir entre sí desgarrándose al mismo tiempo en terribles conflictos sociales. En cuanto a Egipto, confiado en la fuerza de su flota, descuidaba la organización de un ejército de tierra atendiendo, casi exclusivamente a su reconstrucción social, que despertaba, por lo demás, en un amplio sector del país -el clero y las clases aristocráticas-, una oposición sorda.

Persia, antes de lanzarse a la guerra, se preparó mediante una acción diplomática. Ciro, para ganarse el partido aristocrático de Egipto, contrajo matrimonio con la hija de Apries. Y con su benevolencia a las ciudades jónicas, trató de apartar de Amasis a sus mercenarios jonios y carios.
Cambises. Rey de Persia y sucesor de Ciro

En 529 a.C., Cambises sucedió a Ciro. En 525, su diplomacia triunfaba, logrando que Polícrates abandonara la alianza con Amasis y le prestase colaboración con su flota. A partir de aquél momento
Egipto estaba perdido. Sin ejército nacional, políticamente dividido hasta en las más altas esferas gubernamentales, el país se hundiría en cuanto se produjera el primer choque con el ejército persa. La muerte de Amasis, fue la ocasión que esperaba Cambises para invadir el Delta. Ante el ataque y la secreta labor de desmoronamiento llevada a cabo por agentes del enemigo, Egipto se disgregó. Fanes, que mandaba el ejército mercenario, traicionó al rey Psamético III, provocando la derrota del ejército egipcio en Pelusa. En seguida, Udjahorresent, almirante y jefe de la flota, negoció y ofreció su colaboración al enemigo. Sin embargo, el rey se defendió en Menfis; pero la ciudad fue tomada por asalto en el 525 y, a pesar de las terribles crueldades y depredaciones ordenadas por Cambises, el país se entregó inerme. Este rey nombró al almirante a cuya debilidad debía tan rápida victoria, canciller  del país conquistado. Egipto, vencido y avasallado cuando se encontraba en la cumbre de su prosperidad, se hundió moralmente, dividido y traicionado por sus jefes, excepto el rey.

Referencias

Titulo: Historia Universal Jacques Pirene
Editorial Cumbre. S. A. de C.V. 12 Edición. 1976. Tomo I
paginas 117-120

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