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martes, 24 de octubre de 2017

La primera guerra médica

Buenas noches queridos lectores del El conocimiento nunca sobra, en el post pasado veíamos los antecedentes de las guerras médicas y de como Atenas y Jonia se revelan a los persas, Darío intentó la diplomacia y una solución pacífica, pero no lo consiguió, así que movilizó a su ejército y comenzaron las guerras médicas



La primera guerra médica

La primera guerra médica (492-490). La fuerza de las ciudades jónicas radicaba en el mar. Luego, era en el mar donde habría que vencerlas, y una gran flota persa de seiscientas naves egipcias, fenicias y chipriotas aniquiló los trescientos cincuenta barcos de la flota jonia. Mileto, que se había puesto al frente de la insurrección, quedo arrasada, siendo deportados sus habitantes a las orillas del Tigris (494 a.C). Mas no bastaba con vencer a Jonia; preciso era que, gracias a su actividad marítima, pudiese Persia conquistar el mar. Por tanto, o renunciaba a integrar en el imperio persa la economía marítima cuyo elemento esencial estaba representado por las ciudades de Asia Menor, o debía ir a la conquista de Grecia. Esta disyuntiva se imponía con tanta mas fuerza cuanto que, desde la apertura del canal de Suez, la riqueza de Egipto, principio fundamental de la economía del imperio, no dependía tampoco de la prosperidad del Asia Anterior, sino principalmente de su intensísimo tráfico marítimo.

El imperio persa debía resignarse, pues, a ser una nación continental y asiática, aceptando la pérdida o ruina de sus más ricas provincias - Jonia y Egipto -, o bien hacerse dueño del tráfico naval mediterráneo apoderándose de toda Grecia.

Darío trató primero de conseguir su objetivo pacíficamente, atrayéndose a Jonia y procurando una alianza con Cártago.

En 492 reunía en Sardes a los delegados de las ciudades jónicas para darles a conocer el nuevo estatuto. Se desechaba el sistema de tiranías impuesto por Ciro, restaurándose los gobiernos democráticos; todas las ciudades conservarían la autonomía de su administración interna, así como el derecho de mantener entre sí y con el extranjero relaciones diplomáticas, pero se les prohibía hacerse la guerra, imponiéndoles Darío su arbitraje en cuantos conflictos pudieran surgir entre ellas. También elaboraría un nuevo catastro con el fin de calcular, sobre una base rigurosamente exacta, el módico tributo al que estarían sujetas.

Tan prudentes medidas, que restauraban a un tiempo la seguridad interna en las ciudades jónicas y les preservaban de la guerra, fueron tan bien acogidas que disociaron la estrecha alianza hasta entonces existente entre los partidos democráticos de las ciudades jónicas y el de Atenas. El bloque de las democracias quedaba desecho.

Logrado este importante objetivo, le faltaba a Darío imponer su soberanía sobre la Grecia propiamente dicha. A ello se dedicó seguidamente, practicando una hábil diplomacia encaminada a dividir entre sí los estados griegos, muy aferrados a sus intereses partículares.

Corinto, potencia económica y marítima, no se preocupaba de las conquistar persas; sus intereses estaban en Occidente y la ruina de Mileto, su rival, favorecía su expansión. Argos, estado agrícola amenazado por el poder de Esparta, se mostraba dispuesto a encontrar en Persia un apoyo contra aquélla. Eginia no concebía otra política sino cualquiera que pudiera acarrear la caída de Atenas, aunque fuese apoyada por Darío, pues en ella veía la más peligrosa émula de su prosperidad comercial. Los señores feudales de Tesalia y de la Fócida estaban en continua guerra entre sí, y los tesalios miraban a Persia como aliada suya. Las pequeñas ciudades mostrábanse totalmente indiferentes por la política internacional y tan solo estaban preocupadas por sus intereses locales e inmediatos. Nada mas Esparta, que aspiraba a ejercer la hegemonía territorial en Grecia, y Atenas, cuya ambición consistía en dominar el Mar Egeo y el Helesponto, estaban firmemente dispuestas de defenderse contra la dominación persa. Pero en el interior existía agitación. En Esparta, los dos reyes Demarato y Cleómedes, que preconizaban, el primero, una política principalmente aristocrática, y el segundo una política hegemónica, tenían sendos , y Demarato, vencido, había huido a la corte de Darío. En Atenas, Hipias, arrojado del poder, se había refugiado también en la corte del Gran Rey, solicitando su apoyo.

En Grecia, Sicilia y el sur de Italia, agentes persas informábanse sobre las posibilidades de un desembarco y trataban, al mismo tiempo de constituir un bando favorable a Darío. Los embajadores del rey habían logrado ya en todas partes, garantían de sumisión, cuando Esparta y Atenas, negándose a reconocerles "la tierra y el agua" que reclamaban, concretaron una estrecha alianza para resistir al formidable ejército persa, hasta entonces invicto, que se lanza contra ellas. En 490 a.C., en los llanos de Maratón, mientras el partido oligárquico de Atenas se aprestaba a recobrar el poder entregando la ciudad al enemigo, el pequeño ejército de la democracia ateniense aplastó a la poderosa máquina bélica del Gran Imperio persa. El plan de Darío, de formar un imperio universal era ya imposible

Hasta aquí el post. Espero haya sido de su agrado, compartan, comenten, den +1 o clic en algún anuncio que les interese. Saludos

Referencias

Titulo: Historia Universal Jacques Pirene
Editorial Cumbre. S. A. de C.V. 12 Edición. 1976. Tomo I
paginas 137-139
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