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lunes, 27 de noviembre de 2017

El oráculo de Delfos

Buenas noches queridos lectores de "El conocimiento nunca sobra", vamos a hablar el día de hoy de El Oráculo de Delfos, ¿que era?, ¿quien iba?, ¿donde estaba?. Seguramente muchos han escuchado hablar de él, pues hoy este post, esta dedicado a ello.

El oráculo de Delfos

Como en la mayoría de las civilizaciones del pasado, los hombres griegos también recurrían con frecuencia a la consulta oracular antes de tomar desiciones importantes o simplemente para conocer qué les podía deparar el futuro. Aunque no el único, el oráculo situado en el santuario de Apolo en Delfos fue sin lugar a dudas en más importante en el mundo griego, al que se dirigían tanto ciudadanos partículares como delegaciones sagradas de las ciudades. El oráculo se hallaba a pies del monte Parnaso, en la región de Fócida, y su ubicación se correspondía con el ombligo del mundo (el ónfalos), pues allí se había cruzado el vuelo de las dos águilas liberadas por Zeus en las antípodas de la Tierra. Había sido fundado por el mísmisimo Apolo, quien había matado a la serpiente Pitón que custodiaba el lugar para hacerse de su sabiduría.

Tras realizar una serie de actos rituales, el peregrino realizaba su consulta al oráculo. La sacerdotisa del santuario (La Pitia o pitonisa) se retiraba entonces a la cripta del templo y se sentaba sobre su trípode, donde entraba en contacto con los dioses. Emitía así el responso ocular, por lo general, una rethíla de frases inconexas e incomprensibles que debían ser descifradas e interpretadas por los sacerdotes (lo cual demuestra que las técnicas de adivinación no han cambiado mucho desde la antigüedad, pues el secreto sigue consistiendo en dar respuestas lo suficientemente ambiguas e interpretables que sirvan para un roto y para un descocido).

Cuenta la leyenda que cierta ocasión se reunió a los Siete Sabios de la Antigüedad en Delfos, y se les pidió que cada uno de ellos realizara una inscripción en el templo. Armados de cincel, hay quien esculpió en el frontispicio la máxima "Conócete a ti mismo" (¿Quilón de Esparta?), quién legó a la posteridad el aforismo "Nada en exceso", cada cual dejó constancia de su sabiduría menos Bías de Pirene. Tras la tenaz insistencia de sus compañeros, al final acepto empuñar el cincel con el que esculpió su lúgubre reflexión: "La mayoría de los hombres son malos". Prueba de que el pesimismo antropológico también tiene viejas raices.

Hasta aquí el post, espero compartan, comenten, den +1 o algun clic a algún anuncio que les interese.

Referencias

Platón. La verdad está en otra parte
E.A Dal Mashio

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