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sábado, 30 de diciembre de 2017

Antecedentes de la guerra del Peloponeso

Introducción

Buenas noches queridos lectores de "El conocimiento nunca sobra", el día de hoy hablaremos de los antecedentes de la guerra del Peloponeso.

Después de las guerras médicas, hubo un breve tiempo de paz, donde las grandes ciudades prosperaban, Esparta y Atenas quisieron pronto la hegemonía de Grecia, ambos con sistemas de gobierno distintos, Esparta, aristocrática y terrateniete y Atenas, democrática siempre hubo discordia. Pericles quiso unificar Grecia, pero imponiendo el sistema de gobierno de Atenas. Como era de esperarse Esparta y Corinto se negaron y le declararon la guerra a Atenas iniciado la guerra del Peloponeso, pero los detalles se encuentran en el siguiente post

Pericles y la democracia ateniense

Pericles
Al mismo tiempo que triunfaban la libertad económica y el libre cambio. triunfaba también la democracia, gracias a la cual, había de alcanzar Atenas su periodo de apogeo, bajo la sabia dirección de Pericles (462-429), a quien Tucídides atribuye esta hermosa definición: "El estado democrático, debe esforzarse por servir al mayor número de ciudadanos; debe procurar la igualdad de todos ante la ley; debe conseguir que la libertad de los ciudadanos dimane de la libertad pública; debe acudir al socorro del débil, y dar el primer puesto al mérito. El armonioso equilibrio entre el interés del Estado y el de los individuos que lo componen, garantiza el desenvolvimiento político, económico e intelectual de la ciudad, protegiendo al Estado del egoísmo individual y al individuo, gracias a la Constitución, contra la arbitrariedad del Estado".

El Estado, dentro del concepto democrático, descansa sobre un verdadero contrato social, "contrato común al cual todos los ciudadanos deben ajustarse.

En todas partes, los partidos democráticos, no solo de las ciudades griegas, sino también en Egipto, miraban hacia Atenas, que se mostró como su protectora. En 464, después del asesinato de Jerjes, el partido nacional y democrático se sublevó en Egipto, haciendo un llamamiento a Pericles, quien, sin vacilar, envió todas las fuerzas de la liga en su socorro. En 459, la flota ateniense, remontando en Nilo, arrojaba de Menfis a la guarnición persa y restablecía la independencia egipcia. Pero, aprovechándose de esta expedición lejana, Esparta, cuya aristocracia terrateniente miraba con hostilidad la potencia militar y económica de la democrática Atenas, se lanzó sobre su rival. Atenas tuvo que repatriar gran parte de su ejército. Venció a Esparta, pero la escuadra y los contingentes que había dejado en Egipto se vieron desbordados por el ejercito persa enviado en auxilio de Egipto. Este volvió a ser dominado, mas la perdida de casi la mitad de la flota colocó a la liga de Delos, y con ella a Atenas al borde de la ruina.

Antecedentes de la guerra del Peloponeso


El Partenón de la Acrópolis de Atenas
Pericles salvo la situación centralizando la liga bajo la autoridad de Atenas y haciendo del sentimiento democrático, a falta de patriotismo griego, la trabazón de la alianza. Se impuso a todas las ciudades de la liga la Constitución democrática de Atenas y el tesoro fue transportado a esa ciudad. El consejo federal quedó sustituido por la asamblea del pueblo ateniense, y el poder arbitral del que disponía se transformó en una jurisdicción ejercida por los propios tribunales de Atenas, cuya competencia abarcaba, no solo los conflictos de derecho público entre las ciudades, sino también las causas criminales y todos los litigios comerciales nacidos de contratos ajustados en Atenas. Esta reforma, que unificaba las instituciones democráticas, el derecho mercantil y el derecho penal, sobre la base de la igualdad absoluta entre los ciudadanos de Atenas y los aliados, convirtió a la liga en un verdadero estado bajo la hegemonía de Atenas. Los tratados de comercio, concretados en términos idénticos con todas las ciudades, le proporcionaron la libertad del mar y el libre cambio; la célebre "lechuza" ateniense - la moneda más apreciada en aquellos tiempos - se declaró obligatoria para toda la liga, reservándose Atenas el derecho de acuñarla, con la única excepción de Efeso, que conservó el derecho de batir moneda. Creose también un sistema uniforme de pesos y medidas.
Un tetradracma, la moneda ateniense

A este esfuerzo para unir dentro de un conjunto legal la vida económica de las ciudades griegas, siguió una política de paz. En 499, Atenas ajustó con Artajerjes un tratado por el cual a cambio de cederle Persia el mar Egeo, renunciaba a intervenir en Asia. En 446, otro acuerdo suscrito con Esparta repartía la hegemonía entre las dos ciudades: el Peloponeso para Esparta, y el mar para Atenas.

Esta última trato de conseguir, bajo su hegemonía, un acuerdo general entre los griegos. En 446 convocó, con tal objetivo, un congreso panhelénico, pero Esparta lo hizo fracasar. Entonces, se vio obligada a refugiarse en la liga marítima, que trató de unir estrechamente sobre la base del culto místico de Demeter y Dionisio, similar al culto egipcio consagrado a Isis y Osiris. Lo mismo que en Egipto, la democracia iba acompañada de un movimiento místico.

Sin embargo, la política ateniense debía malograrse por dos causas: una, radicada en ella misma; otra en el exterior.

En sí misma, pues, aunque democrática, Atenas jamás fue liberal en la esfera política. Su estrecho nacionalismo le impidió siempre otorgar el derecho de ciudadanía a los extranjeros, aun, a aquellos establecidos en Atenas desde varias generaciones y que por su actividad, comercial, industrial y financiera contribuían a acrecentar su riqueza. La mayoría de la asamblea del pueblo pertenecía a los terratenientes, artesanos y marinos, celosos de los privilegios que les valía su calidad de ciudadanos. Gran metrópoli internacioanl, dueña de un verdadero imperio marítimo, Atenas se hallaba dominada por un cuerpo electoral de pequeños burgueses, patriotas capaces de grandes impulsos, pero mezquinos y supersticiosos. Aclamaban éstos la obra de Sófocles, pero condenaban a muerte a Anáxagoras -cuya vida salvó con gran dificultad Pericles- porque había enseñado que el sol no era un dios. Entre la clase selecta -formada en gran parte por metecos, tanto entre intelectuales y artistas como entre hombres de negocios- y la clase popular, dueña de la eclesia, subsistió siempre un desacuerdo que no permitió a Atenas abandonar una política limitada a los intereses inmediatos de la ciudad.

El nacionalismo ciudadano no era, por otra parte, exclusivo de la democracia ateniense. Se manifestaba de manera más exagerada en Corinto, gobernada por una oligarquía de mercaderes, o en Esparta, aristocrática y patimonial.

Estos nacionalismos emponzoñaban las rivalidades económicas y políticas y colocaban a los pequeños estados griegos unos frente a otros. Corinto dominaba el mar Adriático y aspiraba a la hegemonía de Occidente, como Atenas señoreaba los mares Egeo y Negro. nunca fue posible el acuerdo entre las dos metrópolis. En cuanto a Esparta, cuya política de hegemonía territorial se hallaba amenazada por la influencia democrática ejercida por Atenas en Beocia, Lócrida y Fócida, debía seguir siendo obstinadamente su más implacable enemiga.

Entre Esparta, terrateniente y aristocrática, y Corinto, marítima y oligárquica, se pactó una alianza contra Atenas.

Así, en definitiva, el mundo griego se destruía a sí mismo. La hegemonía marítima no solo chocaba con la de tierra, sino que en el mar mismo, la rivalidad entre Atenas y Corinto impedía a la economía griega encontrar un equilibrio estable. Atenas, sola, trató de unir a Grecia, pero queriendo imponer una supremacía que no podían aceptar ni Corinto, ni las grandes ciudades occidentales como Siracusa y Tarento, su intentó fracasó.

Obligado a renunciar a su política de unión hegemónica, Pericles adoptó una actitud francamente agresiva contra Corinto, y no pudiendo someterla a su tutela, pretendió hundirla reservando el libre cambio y la libertad comercial únicamente a los aliados de Atenas. Desde aquél momento, la guerra era inevitable. En 431, a consecuencia de haber sido cerrados los mercados de la Liga a los comerciantes de Megara, Corinto hizo causa común contra ellos y dirigió un llamamiento a Esparta. La guerra del Peloponeso, que destrozando en lucha fratricida a las ciudades helénicas inició la ruina de la hegemonía marítima de Grecia, dio entonces comienzo.

Hasta aquí el post queridos lectores, espero haya sido de su agrado y utilidad. Compartan, comenten, den +1 o clic en algún anuncio que les interese.

Bibliografía

Titulo: Historia Universal Jacques Pirene
Editorial Cumbre. S. A. de C.V. 12 Edición. 1976. Tomo I
paginas 146-150
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