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domingo, 17 de noviembre de 2019

Las abejas

Hay mucha verdad en el dicho “laborioso como una abeja”, porque este insecto figura entre los seres más diligentes de la naturaleza. Tiene que administrar su propia “ciudad” y mantenerla en buen estado, limpiarla, defenderla, caldearla o refrescarla, y abastecerla de comida, elaborando la miel para alimentarse. De este modo proporciona al hombre la sustancia con que endulza algunos manjares y bebidas.

Los científicos se han sentido siempre interesados en las abejas. A lo largo de los años, han descubierto muchas cosas sobre cómo algunas variedades viven en colonias, los diferentes trabajos que desempeñan, de qué manera elaboran miel, etc.

La abeja melífera

No todas las abejas se unen en colonias. En realidad, la mayor parte tienen una existencia solitaria. Pero de todas las que viven juntas, las melíferas (productoras de miel) son las más interesantes. Ello se debe a su sistema social. Ello se debe a su sistema socia. Millares de individuos forman una gran familia en el interior de una colmena, y se distribuyen el trabajo.

La colonia está encabezada por la reina, hembra corpulenta que pone todos los huevos de la comunidad. Empieza el desove los primeros días cálidos de la primavera, y no cesa de hacerlo a diario hasta el final del verano. Al principio pone unas docenas; después el número se eleva a centenares y luego sigue aumentando a lo largo de la temporada. En el transcurso de ésta, llega a poner entre mil y dos mil diarios. Cómo vive alrededor de cinco años, la cifra de los que deposita puede calcularse en un millón. La reina es, por lo tanto, la madre del enjambre.

Los machos, llamados zánganos, no participan en el trabajo de la colonia. Su única misión estriba en fecundar a la reina.

Las obreras, son hembras mucho más pequeñas y, además, no ponen huevos. Se encargan de las labores necesarias para el bienestar de la colmena.


La división del trabajo

Si observas la entrada de la colmena, verás que sus habitantes entran y salen constantemente. Unos se lanzan continuamente al aire, mientras otros se quedan y pasan al interior cargados de néctar y polen: son las obreras encargadas de buscar las flores y regresar con las provisiones imprescindibles para su abastecimiento. (Se llaman polen al polvillo del que se forman las semillas, y néctar, al líquido azucarado que hay en las flores)

Durante el vuelo a su hogar, el azúcar que hay en el estómago de la abeja sufre una reacción química. En la colmena, entrega el néctar a otras obreras, que lo almacenan en celdillas abiertas para que se seque, cuando se ha secado, se denomina miel, que sirve de producto alimenticio energético para las abejas.

Hay obreras especializadas en la construcción de los panales (series de celdillas hexagonales de cera). Algunas cuidan las crías y les dan de comer; otras limpian las celdas vacías y las preparan para los huevos que la reina depositará en ellas. Existen “soldados” de guardia en la entrada de la colmena, con misión de rechazar al enemigo. Muchas agitan las alas, para que el recinto reciba un suministro constante de aire fresco.

Otras obreras tienen a su cargo el néctar y el polen recolectados. Las que los han transportado abren la boca y las receptoras chupan gotitas de néctar de sus “lenguas”. Las que han recogido el polen, lo depositan en celdas especiales, y las obreras lo prensan en seguida en su interior.

La sociedad perfecta


Durante cientos de años la sociedad perfecta de las abejas melíferas ha atraído la curiosidad de los hombres. ¿Cómo sabe el recién nacido lo que tiene que hacer?. ¿Es posible que cada uno nazca dispuesto de modo que únicamente realice un solo trabajo?

Sabemos que cada obrera lleva a cabo ciertas labores según su edad. Vive solamente cinco o seis semanas, durante las cuales cambia de ocupación a medida que el tiempo pasa.

Si no quedaran en la colmena, más que las recolectoras, algunas de las mayores desarrollarían glándulas de crianza y cuidarían de las generaciones más recientes, aunque excedieran de la edad normal para esa misión. Una colonia sin individuos colectores puede hacer frente a casos excepcionales, como se ha observado en una colmena. Aunque solo había en ella abejas jóvenes, no se interrumpió el transporte de néctar y polen.

¿Cómo sucede esto? ¿Como se enteran de los trabajos que garantizan la continuidad de la vida del enjambre?. Los científicos han reparado en que cada individuo recoge, independientemente, información propia sobre las necesidades de la colmena. Todos los días dedica un tercio de su tiempo a recorrerla e inspeccionarla.

Comunicación en forma de baile

Los entomólogos (especialistas en el estudio de los insectos) han descubierto que unas abejas llaman a otras de su comunidad para recoger polen y néctar en lugares muy floridos. Las recolectoras regresan a la colmena y ejecutan bailes, en las superficies verticales de los panales. Las espectadoras se excitan, se colocan detrás de una danzarina, la imitan, abandonan su hogar sin que la bailarina las guíe y van en derechura de la fuente de suministro. Por lo tanto, las danzarinas han informado a sus compañeras de la dirección que les interesa y de su situación. 

Si las colectoras bailan en círculo, las que siguen la danza salen y encuentran la comida muy cerca de la colmena. El baile circular notifica, por consiguiente, que hay suministros en las cercanías. El olor que impregna a las bailarinas les informa de que flor procede el néctar. Sus antenas están pertrechadas de órganos olfativos, y con ellos las espectadoras recogen el mensaje oloroso. Cuando dejan su morada, buscan flores cuyo aroma coincida con él.

Si al regresar, las recolectoras se entregan a una danza oscilante, quiere decir que la comida está a más de cien metros de distancia. Al propio tiempo, comunican la dirección y la distancia de la fuente nutritiva.

Cuando ésta sigue siendo la misma durante largo tiempo, la dirección de la porción recta del baile cambia gradualmente de la mañana a la tarde, mientras el Sol altera su posición en el firmamento. La danza señala donde se encuentran los víveres. Si el recorrido recto apunta de manera directa hacia lo alto, están situados hacia el Sol; si indica hacia abajo, se encuentra en sentido opuesto a él; si marca sesenta grados a la izquierda de la vertical, el lugar del suministro se halla a sesenta grados a la izquierda del astro, etc.

La velocidad de la danza revela la distancia. Si es muy rápida -unas diez veces cada quince segundos-, la separación será de unos cien metros. Cuando el sitio que interesa está algo más de nueve kilómetros, la ejecutan una vez cada quince segundos. Cuanto más lejos esté tanto más lento será el baile.





Otras maneras de informar

La comida recolectada se reparte enseguida entre todos los miembros del enjambre. Esta distribución une a los miembros de la colonia. Los científicos intentan aún averiguar cómo las recolectoras modifican sus actividades para que la colonia disponga no solo de la clase de alimentos, sino también de la cantidad de ellos necesaria. Por ejemplo, si hay demasiado polen, o muy poco en la colmena, la información se transmite a las colectoras, cuyo número cambia en consecuencia. Todavía no se sabe con exactitud cómo ocurre.

Las abejas “hablan” entre sí con la ayuda de líquidos que fluyen en sus cuerpos. Las que cuidan de la reina lamen incesantemente una sustancia que segrega y la comparten con otros miembros de la comunidad. Si por alguna razón el enjambre pierde a su soberana, la sabejas se dan cuenta de su ausencia a las pocas horas. La buscan, y si no la encuentran, la reemplazan sin pérdida de tiempo.

Con el reparto de la comida, los líquidos corporales y los bailes, éstos insectos están al corriente de las necesidades de la comunidad y responden a ellas con absoluta dedicación.

El vuelo nupcial

En la colmena abandonada hay muchos zánganos y obreras jóvenes, y varias reinas que no se han apareado. Éstas continúan su desarrollo en sus celdas peculiares. La primera en salir mata a las restantes que crecen en sus habitáculos. Cuando tiene aproximadamente una semana, la reina va a la entrada de la colmena y los zánganos hacen lo mismo. Se lanzan al aire. En él, un zángano se aparea con ella e introduce en su cuerpo semen suficiente para fecundar todos los huevos que pondrá por el resto de su vida. El zángano muere después de ello. La hembra vuelve a la colmena y, días mas tarde, empieza a moverse sobre los panales en busca de celdas vacías donde depositar sus huevos.

De huevo a abeja adulta

La comida se almacena (1) para el sostenimiento
de la colmena, mientras el huevo (2) se convierte
en larva, que la nodriza se encarga de alimentar (3).
La larva crece hasta llegar a la madurez (4) y es
encerrada por la nodriza, que tapona la celda
con cera (5). La larva entra en fase de crisálida (6),
mientras contempla su desarrollo (7). La joven adulta
ya formada sale de la celdilla (8) para emprender
las actividades de obrera
La reina guarda en su interior el semen del zángano, que puede derramar sobre unos huevos antes de ponerlos o desovar sin fertilizarlos. Los no fecundados se convierten en machos (zánganos); los fértiles se transforman en hembras. Pero como hay dos clases de ellas, reinas fecundas y obreras estériles, surge la pregunta de como ocurre el fenómeno.

Todos los huevos se modifican en larvas (pequeños gusanos) al cabo de tres días, durante los cuales reciben sin excepción el mismo alimento, una sustancia llama jalea real. Esto es rico en proteínas y procede de las glándulas de crianza existentes en la cabeza de las obreras jóvenes. Las larvas de reina la reciben durante todo su crecimiento; las otras, solo durante el periodo mencionado y, a continuación comida más rica en miel. Son las futuras obreras. Por lo tanto, la alimentación determina si el huevo fertilizado será una obrera o una reina.

Las abejas "nodrizas" llevan alimento a las larvas unas mil trescientas veces diarias. Los nuevos seres, al llegar el sexto día, empiezan a fabricar un capullo (cascarón de seda) dentro de su celda de cera, que las nodrizas tapan con la misma materia. Mientras tanto, las larvas se transforman en crisálidas, etapa de reposo durante el cual su cuerpo de gusanillo adquiere la forma de abeja desarrollada por completo. La reina adulta abandona la celdilla al cabo de dieciséis días; una obrera perfecta lo hace a los veintiuno.

Los huevos estériles pasan por las mismas etapas que los fecundados, o sea, se convierten en larvas y después en crisálidas. De ellos resultan zánganos adultos a los veinticuatro días.

Las abejas solitarias

Cuesta comprender como se inició la bien organizada sociedad de las abejas melíferas. Pero podemos conseguir algunas ideas si observamos a algunas solitarias.

Muchas de las últimas tienen hábitos curiosos. Las abejas carpinteras o abejorros negros abren túneles a mordiscos en la madera y construyen en ellos una porción de celdas superpuestas, separadas por tabiques de astillas diminutas.

Las albañiles pegan trocitos de piedra en grupos de celdas, que adhieren a los muros pétreos y los acantilados. 

Las cortahojas usan las mandíbulas como tijeras y arrancan pedacitos de hojas y flores para forrar su nido y establecer divisiones entre las celdas. Las mineras hacen galerías en la tierra

Se llaman solitarias porque, como se comprende, la mayor parte viven solas. La hembra introduce polen y néctar en las celdas del nido, pone un huevo en cada bultito de alimento, sella el habitáculo y se aleja. Normalmente, muere al final del verano. Cuando salen del huevo en primavera, las crías se desarrollan gracias a la comida que se les dejó. Dependen totalmente de sí mismas, sin tener contacto con su madre. Cuando han crecido, los machos y las hembras se aparean.

Entre las solitarias, hay especie de hábitos semisociales. Las mineras son interesantes en particular por esta razón. Unas cuantas hembras abren juntas, en el suelo, una galería principal y después cada una de ellas hace otra menor que forma parte de la principal. Algunos miembros de la colonia se dedican incluso a guardar la entrada de la galería más importante.

Otras avejas excavadoras muestran un rasgo que las acerca a la vida en común. En su caso, las hembras consiguen vivir durante el invierno y ponen los huevos en la. primavera. Algunos de éstos se convierten en obreras que jamás se aparean. En su lugar, dedican sus días al cuidado de los huevos y los pequeños que salen de ellos. Aquí vemos dos avances hacia la existencia comunitaria, pues continúan teniendo contacto con los huevos y las crías. También hay indicios de división del trabajo. Dos clases de hembras del mismo aspecto cumplen deberes distintos: una, solo desova; otra, la de las obreras, se encarga de trabajar.
Abeja minera

Abeja cortadora

Los abejorros

En los meses estivales es muy común ver a los abejorros
posados sobre las flores, mientras recogen polen
Los abejorros van mas allá que las mineras solitarias, cuyas hembras soportan el invierno. En una colonia suya, no solo se distribuyen las funciones; también tienen obreras de aspecto diferente del de las reinas.

En la primavera, una reina de abejorros escoge un nido, que suele ser un agujero en el suelo, construye dos celdillas de cera y recolecta polen y néctar para la posterior alimentación de sus larvas. En una celda guarda la comida y en la otra deposita los huevos. Al cabo de veintidós días, salen de ellos las obreras adultas.

Lo único que distingue a éstas de la reina es su tamaño mucho menor. A partir de entonces, la soberana se dedica a poner huevos; el resto del trabajo compete a las obreras: cosechan comida, construyen celdas, y alimentan a las pequeñas que brotan del cascarón. En plena temporada, la reina llega a tener a su al redor varios cientos de "hijos", todos de los cuales trabajan en bien de la colonia. Al final de la estación, aparecen entre las crías las consabidas reinas y los machos o zánganos. Los segundos se aparean con las primeras, que descansan o duermen en el suelo durante el invierno. Los restantes miembros mueren, pero ellas sobreviven y salen en primavera para fundar colonias.

Las abejas solitarias y los abejorros nos muestran todos los pasos posibles que siguieron las especies melíferas para crear sus sociedades tan bien organizadas.







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